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MEDALLA SATOR EN PLATA
MIDE DE FRENTE 3 CM
PESO APROX 11 GR.
El Cuadrado Mágico fue descubierto por el arqueólogo italiano Matheo Della Corte en 1936 entre las ruinas de Pompeya.
Escrito sobre una pared blanca con carbonilla estaba ese juego de palabras el “Cuadrado Mágico” a 1,40 metros bajo el suelo, debajo de la piedra pómez que cubría ese lugar. En el siglo I de nuestra era el volcán Vesubio aniquiló para siempre la ciudad, y sus habitantes resultaron calcinados.
Posteriormente ese cuadrado fue encontrando en otros lugares muy diversos: Francia, Italia, Alemania, Hungría… etc. En España, que sepamos, existe uno en Santiago de Compostela, sede también del llamado «Nudo de Salomón» o svástica del Miño, un símbolo entre el laberinto y la cruz. Una extraña inscripción fechada con certeza por la destrucción de la ciudad en el año 79 d.C., y que los arquitectos cristianos reprodujeron profusamente más tarde en diversos monumentos en Italia, Francia, en la iglesia de Pievi Iersagui, cerca de Cremona, en el castillo de Carnac, sobre la bahía de Quiberon (Morhiban, Bretaña), zona famosa por sus monumentos megalíticos, dólmenes y menhires extrañamente alineados, y en el templo de Saint-Laurent de Rochemaure.
Así también, la inscripción fue descubierta en unas ruinas romanas situadas en Cirencester, Inglaterra, a 55 kilómetros al Noreste de Bristol, y en Doura Europos, antigua ciudad siria sobre la margen derecha del Eúfrates, donde actualmente se eleva la localidad de Qalat en Salihiya, unos 440 kilómetros al Nor–noreste de Damasco, y en otros lugares.
Apodada el «cuadrado mágico» –o con más propiedad el cuadrado SATOR– la inscripción se presenta en la siguiente forma:
SATOR cuadrado
Este palíndromo latino es con toda seguridad una inscripción paleocristiana. En efecto, las veinticinco letras que lo forman permiten escribir –sin repeticiones– dos veces la palabra PATERNOSTER, y dos veces también las letras A y O, el alpha y el omega –el Principio y el Fin– que relata el Apocalipsis del apóstol Juan (IV-21-6), tal como se puede comprobar seguidamente:
Paternoster
El vocablo SATOR, en la traducción que mejor responde al mensaje del palíndromo, significa creador; AREPO tiene distintas interpretaciones A REP(aratione) O(ptima) Del Griego Arrepoa que su traducción es Inmutabilidad debemos señalar que es la inversa de OPERA; TENET, en las aceptaciones que pueden interesar, distingue a mantener, ocupar, dirigir,gobernar; TENET que es la cruz y seguramente la mas importante también se puede leer De ROTAS se puede traducir en Ruta, o también relación con la rueda del Samsara o rueda de la vida. OPERA todos sabemos que es obrar, generar, manipulear, operar. Según el escritor Italiano Rino Cammilleri del libro “Il Cuadrato mágico” Dice que: –eliminando transitoriamente AREPO– el palíndromo debe interpretarse así: «El Creador gobierna los procesos cíclicos»…, o sea con trabajo, acto o proceso (OPERA).
De esta manera obtenemos provisionalmente el siguiente resultado parcial: «El Creador gobierna los procesos cíclicos con un trabajo inverso…» («SATOR – AREPO – TENET – OPERA – ROTAS»). Pero todo palíndromo se caracteriza por leerse igual desde arriba hacia abajo que a la inversa, o de izquierda a derecha y recíprocamente.
En consecuencia, si el palíndromo SATOR se lee desde arriba hacia abajo, y de inmediato desde abajo hacia arriba, pero partiendo siempre desde la izquierda, tal como se escribe y se lee en latín, encontramos la clave y el mensaje del palíndromo, ya que si bien es cierto que SATOR – AREPO – TENET – OPERA – ROTAS significa «El Creador gobierna los procesos cíclicos con un trabajo inverso», no lo es menos que «ROTAS – OPERA – TENET – AREPO – SATOR» expresa sin la más leve duda que El Sol se ocupa de los trabajos inversos del Creador. Ambas lecturas son absoluta y necesariamente complementarias para desencriptar el mensaje puesto en el palíndromo, pero a la vez confirman el desconocimiento –todavía existente en los tiempos inmediatamente anteriores y posteriores a la Era Cristiana– de los descubrimientos de Aristarco de Samos (hacia 310-230 a.C.) referidos a la rotación de la Tierra sobre su eje polar y en torno al Sol (heliocentrismo), y los de Hiparco de Rodas (hacia 150 a.C.), relacionados con el fenómeno astronómico de la precesión de los equinoccios, que constituye una de las resultantes de los diversos movimientos simultáneos y combinados que, por los efectos gravitacionales conjuntos del Sol, la Luna, y otros cuerpos celestes, realizan nuestro planeta –y su órbita– en torno al Sol.














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